22 de enero de 2009

El tren de la Vida...

Aquí les dejo un lindo cuento reflexivo que me dieron a conocer en un retiro salesiano en los Reartes (Córdoba). También hay algunas preguntas para reflexionar. Espero que les guste.

Un tren avanza espléndido y veloz, hacia su destino. Corta los campos como una flecha. Penetra las montañas. Traspasa los ríos. Cruza las ciudades, se desliza como una serpiente mecánica, sin obstáculos. Su forma, su color, su velocidad: todo a la perfección.

Dentro del convoy tiene lugar el desarrollo de un drama: el drama de la humanidad. Gente de toda raza. Gente que conversa y gente que calla. Gente que trabaja y gente que dormita. Gente que contempla el paisaje. Gente que negocia, preocupada. Gente que nace y gente que muere. Gente que ama y gente que odia secretamente. Gente que discute la dirección del tren: ¡el convoy tomó una dirección equivocada! Gente que cree haberse confundido de tren. Gente que protesta incluso, contra el tren mismo: ¡No debiera haberse construido ningún tren, puesto que…! Gente que proyecta trenes más rápidos. Gente que acepta el tren agradecida, disfrutando y celebrando sus ventajas. Gente que no se hace problema: sabe que llegará a su destino. ¿Por qué preocuparse? Gente que corre nerviosa, hacia los vagones de cabeza: ¡quisiera llegar más aprisa! Gente contradictoria, que va en dirección opuesta a la del convoy, caminando absurdamente hacia el vagón de cola: ¡quisiera huir del tren!

Y el tren sigue corriendo, impasible, hacia su prefijado destino. Transporta pacientemente a todos, sin distinguir entre el amargado y el comprometido. Ni deja tampoco de transportar gentilmente a sus contradictores. A nadie se le niega. Y a todos ofrece la oportunidad de realizar un viaje espléndido y feliz, así como la garantía de llegar a la ciudad del sol y del descanso.

El viaje es gratis para todos. Nadie puede salir ni evadirse. Se vive dentro del tren. Y ahí es donde se ejercita la libertad: se puede ir hacia adelante o hacia atrás. Cabe modificar los vagones o dejarlos intactos. Se puede disfrutar del paisaje o aburrirse con los vecinos. Es posible aceptar gustosamente el tren o rechazarlo con acritud. Mas no por eso deja el convoy de correr hacia su infatigable destino, ni de cargar cortés y gentilmente a todos.

¿Qué tipo de pasajero soy? ¿Cómo fue mi itinerario de viaje? ¿Cómo es mí “modo” de viajar? ¿Qué me gusta, y qué no, del viaje? ¿Quiénes son mis compañeros de viaje? ¿Lugares por los que pase? ¿Cómo fueron? ¿Cuáles son los proyectos de viajes futuros? ¿Hacia dónde viajo?

No hay comentarios: