30 de agosto de 2009

Oración de ofrecimiento


Enséñame, oh María Auxiliadora, a ser dulce y bueno en todos los acontecimientos de mi vida; en los desengaños, en el descuido de otros, en la falta de sinceridad de aquellos en quienes creí, en la deslealtad de aquellos en quienes confié.

Ayúdame a olvidarme de mí mismo para pensar en la felicidad de otros; a ocultar mis pequeños sufrimientos de tal modo que sea yo el único que los padezca.

Enséñame a sacar provecho de ellos, a usarlos de tal modo que me suavicen, no me endurezcan ni me amarguen; que me hagan paciente y no irritable; que me hagan amplio en mi clemencia y no estrecho y despótico. Que nadie sea menos bueno, menos sincero, menos amable, menos noble, menos santo por haber sido mi compañero de viaje en el camino hacia la vida eterna.


Amén.

19 de agosto de 2009

Sueños de los nueve años



Quería compartir en el cumpleaños de nuestro querido Padre San Juan Bosco, el hermoso sueño de los nueve años. Sueño que llevo a Don Bosco a la Santidad y trajo fe y esperanza a los jóvenes...

A la edad de 9 años tuve un sueño que quedó profundamente grabado en mi mente para toda la vida.

En el sueño, me pareció encontrarme cerca de casa, en un terreno muy espacioso, donde estaba reunida una muchedumbre de chiquillos que se divertían. Algunos reían, otros jugaban, no pocos blasfemaban. Al oír las blasfemias, me lancé inmediatamente en medio de ellos, usando los puños y las palabras para hacerlos callar.

En aquel momento apareció un hombre venerando, de aspecto varonil y noblemente vestido. Un blanco manto le cubría todo el cuerpo, pero su rostro era tan luminoso que no podía fijar la mirada en él. Me llamó por mi nombre y me mandó ponerme a la cabeza de los muchachos, añadiendo estas palabras:- No con golpes, sino con la mansedumbre y con la caridad deberás ganarte a estos tus amigos. Ponte ahora mismo, pues, a instruirlos sobre la fealdad del pecado y la belleza de la virtud.

Aturdido y espantado, repliqué que yo era un niño pobre e ignorante, incapaz de hablar de religión a aquellos muchachos; quienes, cesando en ese momento sus riñas, alborotos y blasfemias, se recogieron en torno al que hablaba. Sin saber casi lo que me decía, añadí:- ¿Quién sois vos, que me mandáis una cosa imposible?-Precisamente porque tales cosas te parecen imposibles, debes hacerlas posibles con la obediencia y la adquisición de la ciencia.- ¿En dónde y con qué medios podré adquirir la ciencia?-Yo te daré la maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio, y sin la cual toda sabiduría se convierte en necedad.- Pero, ¿quién sois vos que me habláis de esta manera?- Yo soy el hijo de aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día.- Mi madre me dice que, sin su permiso, no me junte con los que no conozco. Por tanto, decidme vuestro nombre.- El nombre, pregúntaselo a mi Madre.

En ese momento, junto a Él, vi a una mujer de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía por todas partes, como si cada punto del mismo fuera una estrella muy refulgente. Contemplándome cada vez más desconcertado en mis preguntas y respuestas, hizo señas para que me acercara a Ella y, tomándome bondadosamente de la mano, me dijo:- Mira.Al mirar, me di cuenta de que aquellos chicos habían escapado y, en su lugar, observé una multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros muchos animales.- He aquí tu campo, he aquí donde tienes que trabajar. Hazte humilde, fuerte, robusto; y cuanto veas que ocurre ahora con estos animales, lo deberás hacer tú con mis hijos.


Volví entonces la mirada y, en vez de animales feroces, aparecieron otros tantos mansos corderos que, saltando y balando, corrían todos alrededor como si festejaran al hombre aquel y a la señora.En tal instante, siempre en sueños, me eché a llorar y rogué al hombre me hablase de forma que pudiera comprender, pues no sabía qué quería explicarme.Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza, diciéndome:-A su tiempo lo comprenderás todo.Dicho lo cual, un ruido me despertó; y todo desapareció.

13 de agosto de 2009

Creer y amar...


Entre el creer y el amar hay una relación tan estrecha, tan íntima, que nos resulta difícil responder a la pregunta: ¿uno ama porque cree, o uno cree porque ama?

En efecto: creer, fiarse, dar la propia confianza a otra persona es posible solamente si uno ama, si uno descubre la bondad que el otro encierra.

Un hijo se fía ciegamente de su madre porque la ama (y porque se siente profundamente amada por ella). Un esposo confía sin condiciones la economía familiar a su esposa sólo si está profundamente enamorada de ella, hasta el punto de dejar en sus manos los secretos más profundos de su corazón... y de su cartera.

A la vez, amamos a los demás cuando somos capaces de renunciar a pedir pruebas y nos fiamos, nos abandonamos a la fe.

El esposo o la esposa aman sin tener una total certeza de lo que vaya a ser la vida matrimonial. Un matrimonio que sea simplemente un contrato para estar juntos mientras todo ocurra según lo que a cada uno le parezca bien es la negación más completa del amor. Un hijo que antes de tomar la sopa que le ha preparado su madre (o su padre, pues los maridos cada día aprenden a cocinar mejor...) hace un análisis clínico para comprobar que no tenga veneno no refleja sólo que le falta fe en sus padres, sino también, con toda seguridad, que en esa familia no hay verdadero amor.

Hay algunos que dicen que el mundo actual vive una profunda crisis de fe, que casi no es posible creer en el siglo XXI. Si esto fuese verdad, habría que afirmar también que el mundo vive una crisis de amor, pues sin fe es imposible amar.

Cuando no podemos fiarnos del otro tampoco podemos llegar a vivir, en profundidad, lo que significa amar. Porque amar, como creer, es darle al otro o a la otra, al padre o al hijo, nuestro afecto por encima de las pruebas empíricas que podamos tener para estar “químicamente seguros” de la bondad y de la honradez del otro.

Vivir buscando siempre, en todos los asuntos y aventuras de la vida, pruebas absolutas de que nadie nos engaña es encerrarse en uno mismo hasta los límites de la locura. Un mínimo de salud mental nos pide vivir, un poco o un mucho, agarrados de la fe la mayor parte de nuestros actos, desde que nos saluda el portero de casa hasta el momento en el que tomamos una pastilla que hemos comprado en la farmacia.

Incluso para los que han sufrido la amargura del engaño y la traición, descubrir que los engañadores son pocos o, al menos, no son todos, permite abrir el corazón para empezar a amar. Con todos los riesgos, pero con todas las ventajas que el amor lleva consigo. Es mejor equivocarse porque uno se fía “de más” que equivocarse porque uno “acierta” siempre al no fiarse de nadie... pero falla en lo más importante: en el ser capaz de amar.

Creer es fácil porque estamos hechos para amar. Amar es posible porque otros se han fiado de nosotros y vivimos gracias a aquellos de los que nos hemos fiado. Así de sencilla es la ley de la vida humana. Así de fácil es el camino de la felicidad.

Fuente: Gama - Virtrudes y Valores
Autor: P. Fernando Pascual, L.C.

7 de agosto de 2009

Cuando ya lo hemos intentado todo...


El problema sigue allí. Buscamos la solución de mil maneras. Hicimos tantos esfuerzos. Afrontamos la situación una y otra vez. Pero el problema parece vencernos. No dominamos los fenómenos atmosféricos.

No podemos impedir los movimientos de la tierra. No tenemos poder absoluto sobre los virus. Sobre todo, estamos casi desarmados ante el gran misterio de la libertad humana, de la malicia de personas sin escrúpulos.


La técnica, es cierto, abre la posibilidad de construir casas más seguras. Mejora el rendimiento de la tierra. Crea pantanos y presas para conservar el agua. Almacena y conserva alimentos. Pero la fragilidad de nuestro cuerpo y la volubilidad de nuestro corazón siguen al acecho.

Lo hemos intentado casi todo, y la familia sigue peleada, y el dinero no llega para pagar las deudas pendientes, y la comida falta para la mesa.

Son momentos en los que el desaliento parece triunfar. Son momentos, sin embargo, para reaccionar y aprender que en el mundo terreno nada es fijo, nada es inmutable, nada es perfecto. Son momentos para mirar al cielo y reconocer que tenemos un Padre que no nos abandona: porque somos hijos, porque somos débiles, porque estamos enfermos, porque necesitamos mucho consuelo.

Descubrimos, entonces, la necesidad de orar, desde lo más profundo, desde lo más íntimo, desde las necesidades más radicales. Sentimos que más allá de los montes tenemos un auxilio que “viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra” (Sal 121,2).

“Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme -cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar-, Él puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad...; el que reza nunca está totalmente solo” (Benedicto XVI, encíclica “Spe salvi” n. 32).

Cuando creemos haberlo intentado todo... quizá nos ha faltado lo más importante, lo decisivo: ponernos en manos de Dios. Es Padre, y nos dará aquello que nos conviene.

Si lo que pedíamos no corresponde a sus planes (es decir, si no era lo mejor para nosotros), no lo recibiremos. Nos dará, lo sabemos, algo mucho mejor, como enseñaba Charles de Foucauld.

Ha llegado entonces el momento para decirle, desde el corazón, con la confianza de un hijo: “Hágase, oh Padre, tu Voluntad”.

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

24 de julio de 2009

Consagración a María


Oh Señora y Madre mía, con filial cariño vengo
a ofrecerte en este día cuanto soy y cuanto tengo.
Mis ojos para mirarte, mi voz para bendecirte,
mi corazón para amarte y mi vida para servirte.


ACEPTA MADRE ESTE DON
QUE TE OFRECE MI CARIÑO.
GUÁRDAME COMO UN NIÑO
CERCA DE TU CORAZÓN (2)


Que nunca sea traidor al amor que se me entrega
y que desprecie sin pena los halagos de otro amor.
Y aunque el dolor me taladre y haga de mi un crucifijo,
que yo sepa ser tu hijo y que sepa que eres mi Madre.


EN LA DICHA Y EN LA AFLICCIÓN
EN MI VIDA Y EN MI AGONÍA,
MÍRAME CON COMPASIÓN
NO ME DEJES MADRE MÍA.






17 de julio de 2009

Para el día a día... para toda la vida ( II )

• En la desgracia conviene tomar algún camino atrevido. Lucio Anneo Séneca.
• En la tormenta es cuando se conoce al buen piloto. Lucio Anneo Séneca.
• En la tribulación acude luego a Dios confiadamente y serás esforzado y alumbrado y enseñado. San Juan de la Cruz.
• En las fatigas y en los sufrimientos no se olvide que tenemos un gran premio preparado en el cielo. San Juan Bosco.
• En mil aflicciones, no son quinientas de ellas que cooperan para el bien del creyente, sino novecientas noventa y nueve más una – las mil. George Müller.
• En una vida sin penas, acaban por relajarse las cuerdas del alma. Johannes Kepler.
• La desdicha es grande, pero el hombre es aún más grande que la desdicha. Rabindranath Tagore.
• La pobreza y el sufrimiento no están para que los entendamos, sino para que los resolvamos. San Vicente Ferrer.
• La vida es un arco iris que incluye el negro. Yevgeny Yevtushenko.
• La vida es un calvario. Conviene subirlo alegremente. San Pío de Pieltrecina.
• Lamentar un infortunio pasado, y que no existe, es la más segura vía de crearse otro infortunio. William Shakespeare.
• Las lágrimas son la sangre del alma. San Agustín de Hipona.
• Las pruebas a las que Dios os somete y os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el alma. San Pío de Pieltrecina.
• Las tribulaciones del mundo están llenas de pena, y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperanza de un premio eterno. San Efrén.
• Llorar, sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por lo que se perdió. Alejandro Casona.
• Lo importante no es lo que sufres sino cómo lo sufres. Lucio Anneo Séneca.
• Los hombres solo sufren por un motivo; porque no pueden amar como Cristo crucificado. Kiko Argüeyo.
• Es mejor sufrir por la causa de Cristo y no que la causa de Cristo sufra. Alba Lucía.
• Lo que nos hace sufrir nunca es una tontería, puesto que nos hace sufrir. Amado Nervo.
• Los ángeles sólo nos tienen envidia por una cosa: ellos no pueden sufrir por Dios. Sólo el sufrimiento nos permite poder decir con toda seguridad: Dios mío, ¡mirad cómo os amo! San Pío de Pieltrecina.
• Los hermanos que sufren son las joyas de Dios. San Vicente de Paúl.

• Nadie es tan desdichado como la persona que nunca ha sufrido. Joseph de Maistre.
• Nadie llegó jamás a la inmortalidad sino por el camino de la aflicción; y he aquí un gran motivo de consuelo para todas nuestras penas. San Francisco de Sales.
• No hay árbol que el viento no haya sacudido. Proverbio hindú.
• No hay hombre en el mundo sin tribulación, aunque sea rey o papa. Y ¿quién es el que esta mejor? Ciertamente, el que padece algo por Dios. Tomas Kempis.
• El padecer templa el alma, y la fortalece para seguir la marcha. Alicia Beatriz Angélica Araujo.
• Por muy altas que sean las olas, el Señor es más alto. ¡ Espera!... la calma volverá. San Pío de Pieltrecina.
• Por todas partes por donde sufren corazones humanos, Cristo pone su morada. Francois Mauria.
• Puedes emplear hombres y contratar manos que trabajen para ti, pero debes ganar sus corazones para que compartan tus sufrimientos. Tiorio.
• Quien comienza a amar debe estar dispuesto a sufrir. San Pío de Pieltrecina.
• Quién no ha tenido tribulaciones que soportar, es que no ha comenzado a ser cristiano de verdad. San Agustín.
• Quien se aflige antes de tiempo se aflige más de lo necesario. Lucio Anneo Séneca.
• Quien supo padecer, sabrá vencer. Refrán español.
• Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. Rabindranath Tagore.
• Si nada padeciste, no sabes compadecerte. Niccolo Tommaseo.
• Si yo no hubiera estado convencido que cada prueba adicional fue ordenado por misericordia y amor infinito, no hubiera sobrevivido los sufrimientos acumulados. Adoniram Judson

15 de julio de 2009

Para el día a día... para toda la vida ( I )


  • A los afligidos no se les ha de añadir aflicción. Miguel de Cervantes Saavedra.
  • Cristo está muy cerca de todos los que sufren. Juan Pablo II.
  • Cristo establece su morada en los corazones que están sufriendo. Francois Mauriac.
  • Cuando no se puede sufrir algo, lo mejor es saberlo sufrir. Lucio Anneo Séneca.
  • De cualquier modo que se llame tu espina, acéptala; es compañera de la rosa. Rabindranath Tagore.
  • De las nubes más negras, cae agua limpia y fecunda. Proverbio chino.
  • Dios está en todos los hombres, pero no todos los hombres están en Dios; por eso sufren. Ramakrsina.
  • Dios no vino a suprimir el sufrimiento. No vino ni siquiera a dar una explicación. Vino a llenarlo de su presencia. Paul Claudel.
  • Donde hay sufrimiento, hay suelo sagrado. Oscar Wilde.
  • Cuando otros lloran sangre, ¿qué derecho tengo yo a llorar lágrimas? José Martí.
  • Donde quiera que alguien sufre, allí está Jesucristo. San Vicente de Paúl.
  • Dos son las cosas que hacen madurar al hombre: el amor y el sufrimiento. Johann Messner.
  • El fruto del sufrimiento es estar cada día más cerca de Dios. Madre Maravillas de Jesús.
  • El hambre, el sufrimiento, el dolor físico y mental de la vida en condiciones desesperantes, necesita soluciones hoy, no Mañana. Luis A. Ferre.
  • El hombre que no sufre es una máquina mal compuesta, una criatura defectuosa, un mutilado moral, un aborto de la naturaleza. Charles-Maurice Le Tellier.
  • El hombre que teme al sufrimiento, no es conciente aún que es un pecador en vías de purificación. Alicia Beatriz Angélica Araujo.
  • El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras. Concepción Arenal.
  • El padecer templa el alma, y la fortalece para seguir la marcha. Alicia Beatriz Angélica Araujo.
  • El que acepta muchas cosas fácilmente, con seguridad tendrá muchas dificultades. Autor desconocido.
  • El que hace sufrir al prójimo se causa daño a sí mismo. El que ayuda a los demás se ayuda a sí mismo. León Tolstoi.
  • El que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo. Fanelon.
  • Quien se aflige antes de tiempo se aflige más de lo necesario. Lucio Anneo Séneca.
  • El que teme sufrir, sufre de temor. Proverbio Chino.
  • El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras. Concepción Arenal.
  • El mejor servicio que podemos prestar a los afligidos no es quitarles la carga, sino infundirles la necesaria energía para sobrellevarla. Phillips Brooks.
  • El mundo exterior podrá hacerte sufrir, pero sólo tú podrás avinagrarte a ti mismo. Georges Bernanos.
  • El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas. William Shakespeare.
  • El sabe ciertamente que con frecuencia nuestros sufrimientos son un instrumento de salvación. San Gregorio Naceno, Disertación 7.
  • El secreto no está en qué tanto sufrimiento tolera sino en cuánta alegría siente. La vida está llena de excusas para sentir dolor, excusas para no vivir a plenitud, excusas, excusas, excusas. Erica Jong.
  • El ser humano tiene regiones en su propio corazón que aún no existen. Sólo comenzarán a tomar forma cuando en ellas penetre el sufrimiento. León Bloy.
  • El sufrimiento de aquí abajo no tiene proporción con la gloria del cielo: 2 Cor 4, 17.
  • El sufrimiento depende no tanto de lo que se padece, cuanto de nuestra imaginación, que aumenta nuestros males. Fenelón.
  • El sufrimiento en sí mismo puede esconder un valor secreto y convertirse en un camino de purificación, de liberación interior, de enriquecimiento del alma. Juan Pablo II.
  • El sufrimiento es el hilo con el que se va tejiendo la tela de la alegría. H. De Lubac.
  • El sufrimiento es la ley de hierro de la naturaleza. Eurípides.
  • El sufrimiento es una especie de sacramento para quien lo recibe sin odio. Louis Evely.
  • El sufrimiento interno es el seno materno de las obras inmortales. Arthur Schopenhauer.
  • El sufrimiento —como he escrito en la Carta Apostólica Salvifici doloris- no puede ser transformado y cambiado con una gracia exterior sino interior... Juan Pablo II.

7 de julio de 2009

Corresponder a la gracia divina...


¿Qué significa “corresponder”? Significa acoger, aceptar, desarrollar y vivir un don, un regalo, una idea.

Corresponder a la acción de Dios en la propia vida significa tener un corazón que sabe escuchar, que sabe aceptar, que busca vivir, que deja dar frutos a la siembra constante que Dios hace en los corazones.

¿Cómo podemos corresponder a la gracia de Dios? Puede parecer difícil en un mundo de prisas, de ruidos, de ocupaciones, de trabajos. Puede parecer casi imposible si creemos que el pecado es inevitable, si hemos dejado crecer las pasiones, si vivimos de egoísmos y avaricia.

Pero Dios puede cambiar cualquier corazón, destruir murallas de dureza y de apatía que el tiempo haya levantado en nuestras vidas, si le dejamos, si correspondemos, si le decimos “sí”.

El primer paso parece el más difícil: aceptar que nada podemos sin Dios, reconocer nuestros pecados, pedir humildemente perdón. Parece difícil, pero resulta mucho más fácil si reconocemos que Cristo no vino a condenar sino a salvar, que desea nuestro regreso, que anhela ese primer gesto por parte nuestra para que le dejemos trabajar. Entonces podrá curar, limpiar, restablecer su Amor en nuestras almas.

Hacer un buen examen de conciencia, acudir al sacramento de la confesión, es mucho más fácil si estamos bajo la mirada de Cristo. Es el Maestro bueno, que vino a buscar a los pecadores, que cura como Médico a los enfermos y heridos por el egoísmo y las mil miserias del alma (cf. Lc 5,31-32; Lc 15,1-32).

Ese es el primer paso para empezar a corresponder. Se trata simplemente de descubrir la llamada profunda, eterna, íntima, que Dios hace a mi alma. Cuando he pecado, cuando he fallado, cuando he sido derrotado, puedo decir con sencillez: ahora Jesús es más mío, porque vino precisamente para mí, enfermo, pecador, miserable.

El segundo paso consiste en la gratitud: recordar el don del perdón acogido, celebrado, hecho fiesta. El Papa Pablo VI lo expresaba con palabras sencillas y llenas de emoción: “Que al menos pueda honrar a quien Tú eres, el Dios de infinita bondad, invocando, aceptando, celebrando tu dulcísima misericordia”.

La misericordia de Dios, la alegría de Dios que nos rescata y nos recibe en casa, nos permite dar un tercer paso: quien ha sido perdonado siente la necesidad de perdonar y, sobre todo, de amar (cf. Lc 7,36-50). Un maravilloso modo de corresponder a la acción de Dios es perdonar como fuimos perdonados.

En el camino de respuesta, el alma perdonada y agradecida ve que Dios le pide nuevos pasos, una correspondencia mayor y más enamorada. Descubre el verdadero sentido de la misa dominical: es un encuentro con Cristo que se ofrece por los pecadores, que da su vida por mí. Siente que debe participar en las distintas actividades de la parroquia. Busca conocer más quién es Cristo a través del Evangelio. Estudia su fe con la lectura del Catecismo de la Iglesia Católica y de otros buenos libros.

El corazón está dando cada vez nuevos pasos, que son simplemente respuestas a las invitaciones que el Espíritu Santo suscita en el interior de la conciencia. El secreto de la vida cristiana radica precisamente en esta actitud de escucha que permite reconocer lo que Dios susurra para decirnos por dónde hay que caminar a lo largo de la vida.

En resumen, corresponder es aceptar y vivir bajo la luz divina, íntima, continua, que el Espíritu Santo derrama sobre la conciencia. Desde ella podemos saber qué es lo que Dios nos pide y qué es lo que debemos dejar de lado.

La correspondencia culmina cuando imitamos a Dios en lo que más le caracteriza: el Amor. Entonces aprendemos a vivir ya en la Tierra como un día, así lo esperamos, podremos vivir en el cielo: con un amor intenso y creciente.

Daremos plena acogida, entonces, a los consejos del apóstol Pablo: “No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el día de la redención. Toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre vosotros. Sed más bien buenos entre vosotros, entrañables, perdonándonos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo” (Ef 4,30-32).

Dejarnos perdonar, perdonar y amar. Eso es corresponder. Y quien corresponde a la gracia divina dejará la levadura vieja y será, de verdad, un cristiano que alegra el corazón de nuestro Padre de los cielos.


Fuente: Catholic.net
Autor: P. Fernando Pascual LC

2 de julio de 2009

Cuando digo Ave María...

Cuando digo Ave María se me agranda el corazón
porque Ella es dueña de mi vida.
Cuando digo Ave María me atrapa con su Amor
y no deja que me aleje del Señor.

Cuando digo Ave María ya no siento más dolor
porque Ella entre sus brazos me alivia.
Cuando digo Ave María ella le ruega al Señor
y me alcanza con sus manos el perdón.

Cuando digo digo Ave María me estremezco
y de gozo se me llena el corazón,
y los Ángeles del cielo cantan himnos de alegría
y en la tierra solo hay admiración.

Cuando digo Ave María no camino en tiniebla
por que Ella con su luz me ilumina.
Cuando digo Ave María Ella escucha mi clamor
y me ayuda a seguir a mi Señor.

Cuando digo Ave María se confirma mi esperanza
porque en Ella yo he puesto mi confianza.
Cuando digo Ave María ya no tengo más temor
porque se que me protege con su Amor.



29 de junio de 2009

Pensamientos de Don Bosco


- La ayuda de Dios no falta cuando se trabaja de veras y con fe.
- El demonio tiene miedo a la gente alegre.
- Haz que todos los que hablan contigo se hagan amigos tuyos.
- Trata de hacerte querer más que temer.
- Preocúpense especialmente de los enfermos, de los niños, de los ancianos y de los pobres, y ganarán la bendición de Dios y la benevolencia de los hombres.
- El amor da fuerzas para soportar las fatigas, los disgustos, las ingratitudes, la falta de disciplina, las ligerezas, las negligencias de los jóvenes.
- Recuerda que todo cristiano tiene la obligación de ayudar a los demás, y que no hay predicación más eficaz que la del buen ejemplo.
- La caridad todo lo soporta, de donde se deduce que no tendrá jamás verdadera caridad el que no quiere soportar los defectos ajenos.
- La Comunión devota y frecuente es el medio más eficaz para tener buena muerte y así salvar el alma.
- El alimento del alma es la Palabra de Dios.
- Para hacer el bien hay que tener un poco de valor.
- Bueno es el cuerpo cuando esté aseado, pero mejor es tener la conciencia limpia de toda culpa.
- ¿Quieres llevar contigo el dinero a la eternidad? Da limosna a los pobres.
- Si el dinero hace mucho, la oración lo obtiene todo.
- Hay que sudar muchísimo para conservar la dulzura y, tal vez, sea necesario derramar la propia sangre para no perderla.
- La vida es demasiado corta. Hay que hacer deprisa lo poco que se pueda, antes de que nos sorprenda la muerte.
- La primera virtud de un hombre es la obediencia a su padre y a su madre.
- El humilde siempre será bien visto por todos: por Dios y por los hombres.
- En la enseñanza, textos breves, fáciles y precisos.
- Me basta que sean jóvenes para amarlos con ardor.
- Sé agradecido con quien te ayude.
- Pongámonos todos bajo el manto de la Virgen. Ella nos librará de los peligros y nos guiará.
- El que confía en la Virgen nunca se verá defraudado.
- Se atrapan más moscas con una cucharadita de miel que con todo un barril de vinagre.
- A la hora de la muerte se ven las cosas desde otro punto de vista.
- Los tres enemigos del hombre son: la muerte (que lo sorprende), el tiempo (que se escapa), y el demonio (que le tiende sus lazos).
- Hace mucho el que hace poco, pero hace lo que debe. No hace nada el que hace mucho, pero no hace lo que debe hacer.
- No te comprometas asumiendo demasiados trabajos. Quien mucho abarca poco aprieta y lo estropea todo.
- La verdadera religión no consiste sólo en palabras; es menester pasar a las obras.
- Un Oratorio sin música es un cuerpo sin alma.
- Los ociosos, al final de la vida, experimentarán grandes remordimientos por el tiempo perdido.
- Quien no vive en paz con Dios, no puede tener paz consigo mismo ni con los demás. - ¡Qué consolador resulta el Padrenuestro que resulta por la mañana y a la noche, qué gusto da pensar que tenemos en el cielo un Padre que piensa en nosotros!
- Un trocito de paraíso lo arregla todo.
- Del prójimo hay que hablar bien o callar.
- Es preciso tener como compañera inseparable a la paciencia.
- Piensa en Dios según la fe, del prójimo según la caridad, y de ti según la humildad.
- Perdona todo a todos, a ti no te perdones nada.
- El Señor siempre envía grandes socorros para las grandes necesidades.
- Déjate guiar siempre por la razón y no por la pasión.
- Hagamos el bien que podamos y no aguardemos la recompensa del mundo, sino solamente de Dios.
- Respeto a todos pero no temo a nadie.
- Las espinas de la vida serán las flores de la eternidad.
- Cuando se trata se servir a Dios, hay que estar dispuesto a sacrificarlo todo.
- Todo salesiano hágase amigo de todos, no busque nunca la venganza, sea fácil en perdonar.
- Sólo en el silencio concede el Señor sus gracias.
- Caridad, paciencia, dulzura, nunca reproches humillantes, nunca castigos.
- Hacer el bien a todos los que se pueda, y a ninguno el mal.

- El trabajo es un arma poderosa contra los enemigos del alma.
- Trabaja por el Señor, el paraíso lo recompensa todo.
- ¡Ay de quien trabaja esperando el pago del mundo!, el mundo es mal pagador y paga siempre con la ingratitud. Trabaja por amor a Jesucristo.
- Hay que trabajar como si no se debiese morir nunca y vivir como si se debiese morir cada día.
- Cuando un hijo abandona a sus padres para seguir la vocación, Jesucristo ocupa su lugar en la familia.

23 de junio de 2009

CAUSAS DE LAS ADICCIONES


Las adicciones son unos de los grandes problemas que enfrentan los jóvenes de hoy. Son los principales males que nos afectan. Por ello, es importante conocer las principales causas que la producen.

Problemas familiares

Los adolescentes al vivir una etapa de crisis y al tratar de evadir los problemas, buscan salidas fáciles o formas de olvidarlos, por ejemplo por medio del alcohol y las drogas.

Muchas veces las adicciones surgen por problemas dentro de la familia (incomprensión, falta de comunicación, golpes, maltrato intra-familiar, rechazo, padrastros, abandono, falta de recursos económicos, dificultades escolares, pobreza absoluta y desamor), al sentir que no son queridos en los hogares, los adolescentes tienen la impresión de no ser escuchados o tomados en cuenta.

Caen en un error al tratar de solucionar los conflictos por medio de las drogas, creyendo que sólo van a ingerir una vez la sustancia, pero en realidad se genera la costumbre o la adicción, esto ocasiona que los problemas familiares aumenten, ya que la droga consumida es más fuerte, y al no querer o poder dejarla, a veces los adolescentes optan por abandonar el hogar, convirtiéndose en niños de la calle, en la que se exponen a riesgos de gran magnitud como contraer enfermedades, ser golpeados, soportar abusos, explotación, hambre y abandono.

El tiempo que persista el efecto de la droga en su organismo, es equivalente al del abandono de sus problemas, después, todo vuelve a la realidad, las situaciones preocupantes siguen ahí e incluso aumentan por la adicción generada.

Influencias sociales
También recurren a las drogas cuando se presentan problemas en su alrededor. Por ejemplo:

Al no ser aceptado por los amigos o una condición para ingresar a cierto grupo es el ingerir droga, ser como ellos, imitarlos, hacerles creer que "los viajes" son lo máximo, o lo peor, caer en la influencia social. Los adictos pueden hacer los comentarios que quieran sobre la persona que no está dispuesta a entrar en las drogas; los adolescentes deben ser muy conscientes de sí mismos y mantener su postura de decir NO.

Los jóvenes que no quieren consumir la sustancia, deben saber cuidarse de las amistades que manifiestan insistencia, pues su obsesión puede ser tan grande que estarán buscando el momento adecuado para inducirlos, por ejemplo, pueden disolver la droga en su bebida o en sus alimentos. Éstos esperarán el momento en que haga efecto la droga para poder dañarlos. Nunca deben aceptar estas cosas por parte de personas adictas y lo más conveniente es alejarse de ese tipo de grupos, que suelen llamarse "amigos".

Ser problemático puede ser causa de la influencia de los compañeros, como hacerlos caer en la delincuencia. Ya que los robos que son realizados por adictos, no son primordialmente por cuestiones de hambre, sino por la necesidad de seguir drogándose. Esto ocasiona tener problemas con las autoridades y posteriormente ser sometidos a las cárceles.

Cuando los adictos aún están es sus casas, presentan depresión y aislamiento mental, lo que provoca bajo rendimiento o ausentismo escolar y mala comunicación familiar.

Curiosidad
En ocasiones los jóvenes con una curiosidad insana, por observar que algunos adolescentes de su edad imitan el acto de probar y sentir el uso de cualquier droga. Además algunas drogas como los inhalantes, son de fácil acceso para ellos, son autorizadas y vendidas a bajo costo en cualquier abastecimiento, lo que ocasiona ventaja de consumo.

Al aceptar el organismo la tranquilidad y relajación del efecto de la droga, ocasiona que éste exija el consumo nuevamente, pero con la misma dosis ya resulta insuficiente, lo que hace aumentar cada vez más la cantidad para sentir los mismos efectos, dando paso a la adicción. Algunos jóvenes que experimentan el sentir de bienestar o el simple hecho de "andar en un viaje" y que al consumir la droga su organismo los rechaza de una forma brusca, por lo general éstas personas no vuelven a intentarlo.

Problemas emocionales
Cuando surgen los problemas en la vida de algunos adolescentes (regaños, golpes, desconfianza, incomprensión, conflictos económicos en la familia, padres adictos o divorciados, dificultad de aprendizaje escolar, etc.), reflejan una gran depresión emocional, en la que pueden sentirse llenos de rencor, ira y vergüenza, por el comportamiento de los padres, amigos o conocidos. Estos jóvenes buscan la manera de que no les afecte gravemente en su estado emocional y utilizan una forma de salir de ellos con ayuda de una adición.

Los problemas generalmente ocasionan en los adolescentes depresión, sentimiento de culpa, autoestima baja, evasión de la realidad, desamparo y prepotencia, ellos piensan que son los causantes del daño y posteriormente con el uso de las drogas (incluyendo alcohol y tabaco) creen librarse de las dificultades, aunque no siempre recurren a las drogas, sino también se presenta en otro tipo de adicciones como:

- Comer demasiado
- Pasar mucho tiempo en los videojuegos
- Escuchar música
- Jugar y apostar
- Bailar
- Ver televisión
- Realizar colecciones de manera obsesiva, entre otros. Estos últimos, generan una adicción por el uso frecuente en que recurren a ellos; aunque no son tan dañinos para la salud, son tomados para salir de las broncas, como una forma de tranquilizar su cólera.

Fuente: http://www.redescolar.ilce.edu.mx

18 de junio de 2009

Oración a Don Bosco

Oh Don Bosco Santo, que con tan gran amor y celo cultivasteis las múltiples formas de acción católica que hoy florecen en la Iglesia, conceded a sus asociaciones el mayor progreso y desarrollo.

Redoblad en todos los corazones la devoción a la Santísima Eucaristía y a María Auxiliadora de los Cristianos. Acrecentad en ellos el amor al Papa, el celo por la propagación de la fe, un solícito esmero por la educación de la juventud y grandes entusiasmos para suscitar nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y misioneras.

Haced que en cada una de las naciones se fomente y arraigue la guerra contra la blasfemia y el mal hablar y contra la prensa impía; haciendo surgir en todas partes nuevos cooperadores para las diversas formas de apostolado recomendadas por el Vicario de Cristo. Infundid en todos los corazones católicos la llama de vuestro celo, para que, viviendo en caridad difusiva, puedan al fin de su vida recoger el fruto de las muchas obras buenas practicadas durante ella.


Padrenuestro…, Dios te salve…, Gloria… San Juan Bosco, rogad por nosotros

11 de junio de 2009

Aguanta un poco mas... todavía no es tiempo


En aquel tiempo, Jesús se acercó a un grupo de estudiantes y les dijo: -Venid conmigo. Os necesito para llevar el Evangelio a todos los pueblos.

Los jóvenes se quedaron sorprendidos. Uno de ellos se atrevió a decir en nombre de todos:
-Señor, estamos convencidos de que nuestra vida tiene sentido desde la llamada que nos haces, pero en mala fecha nos la propones, porque estamos en Junio y ya sabes que empiezan los exámenes.

Jesús se entristeció. Después de un breve silencio les contó una parábola:
-" En una pequeña aldea de leñadores había un árbol recio, grande y fuerte. Todo el mundo decía que la calidad de su madera era inmejorable. Lo habían preparado durante años para que alcanzara una cierta envergadura. Pronto sacarían de él gran cantidad de madera, que exportarían a otros lugares durante largo tiempo. Este árbol de excelente calidad iba a ser la fuente de la prosperidad de la aldea durante años. Un día de tormenta un rayo alcanzó al recio árbol, partiéndolo en dos. El impacto hizo saltar una chispa y la madera comenzó rápidamente a arder, consumiéndose en un instante. Sin embargo, el viejo árbol que había al lado, al cual el pueblo estaba dejando morir -pues la madera no era de calidad- resistió a las llamas sin dificultad" -

¿Cuál creéis que era el árbol de mejor calidad?- pregunto Jesús.


Los estudiante contestaron inmediatamente:
- El que no se quemó.

Jesús añadió: - En verdad, en verdad os digo que se sabe de qué madera está hecho uno cuando el fuego está cerca.- y prosiguió su camino.